Capítulo 3

PROXIMAMENTE.

 

Siento los retrasos para el capítulo 2. No me di cuenta de publicarlo aquí en el blog. Estaba publicado desde hace unas semanas en www.juegosanonimos.es.tl (la web oficial)

Capítulo 2

Era sábado por la noche en la ciudad y la oscuridad se había adueñado de las calles. Un corte eléctrico sumió en el caos a todos los habitantes de la pequeña Tenasco. Todo el mundo se dispuso a irse a sus casas cuando la ciudad cayó en la más profunda oscuridad. Esa noche ya no había discotecas en las que bailar, discotecas en las que bailar o, simplemente, calles por las que pasear. Todos los coches de policía de la ciudad se echaron a la calle y sus luces alumbraron las carreteras. La policía se dividió en cinco patrullas para coordinar su trabajo en la ciudad hasta que se reestableciera el suministro eléctrico. Una patrulla de policía actuaría en la zona norte, otra en la zona sur, otra en la zona este, otra en la zona oeste y una última patrulla estaría en el centro. Todos los policías se dedicaron a guiar a la gente hacia sus casas. Pero hubo una persona que no regresó a su casa.

 

La mañana del domingo se presentaba distinta a las que ya habían pasado durante aquel invierno. No había electricidad en ninguna parte de la ciudad salvo en el hospital, donde un generador de emergencia abastecía a todo el edificio. Todo el mundo estaba preocupado. La pasada noche ocurrieron muchos accidentes al apagarse las luces. Por las calles podía observarse el desastre. Coches empotrados unos con otros o contra las paredes, gente arrollada en el suelo y escaparates rotos por todos lados. La mayor preocupación no venía de ahí, sino que en una ciudad tan pequeña como es Tenasco y tan mal comunicada, una avería así tardaría varios días en repararse, o por lo menos eso anunciaba las radios y periódicos locales.

 

El hospital y la comisaría se habían convertido en los centros de reunión de la ciudad. Todo el mundo quería saber que había ocurrido y cuando se solucionaría el problema. La comisaría estaba llena y la gente hacía cola para poner denuncias. La peor parte se la llevó el hospital. Estaba saturado y estaban empezando a aplazar operaciones no urgentes para más adelante. La sala de espera se había convertido en l plaza de espera. La plaza de Sta. Mónica, donde está situado el hospital, se encontraba llena de gente esperando para entrar a preguntar por sus familiares o amigos. Esa es la pega de no tener teléfono para poder preguntar desde casa. Aquello era un auténtico caos, y cómo no, Héctor también estaba allí. No todo el mundo había salido ileso del apagón. Su hermana Sandra no había vuelto ayer por la noche. No era la primera vez que su hermana mayor volvía por la mañana después de salir la noche anterior de fiesta, pero nunca había vuelto más tarde de las diez de la mañana. Ya eran las dos de la tarde y Sandra no daba señales de vida. Su móvil estaba apagado y ninguno de sus amigas sabía nada de ella desde ayer. María del Carmen o Mari, como la llamaban todos, estaba desesperada por encontrar a su hija. Cuando escuchó el contestador del móvil de su hija Sandra, Mari, la madre de Héctor, cogió a éste y a Ramón, su marido, y se los llevó al hospital a ver si allí estaba ella. No era tan fácil como ellos pensaban. El hospital abarrotado no funcionaba del todo bien -es decir, muy mal- y había inmensas colas. Tras tres horas de larga espera, les atendieron.

 

- ¿Nombre del paciente?- preguntó la recepcionista con una cara de cansancio bastante evidente.

- Sandra Migel Carpio - contestó impacientemente la madre de Héctor.

 

La cara de la madre de Héctor parecía transformarse en otra a cada segundo. En ella se reflejaba la impaciencia, el nerviosismo y la desesperación. Cada tecla que pulsaba la recepcionista sobre el teclado del ordenador era una eternidad que deseaba que pasara. No podía contener tanto tiempo su impaciencia. ¿Por qué tardaba tanto en decirla dónde estaba? - pensaba la madre de Héctor - ¿Tanto tarda en mostrar un resultado ese ordenador?

 

- Lo siento señora, su hija no ha sido ingresada en este hospital.


Capítulo 1

Estaba muerta, tumbada en el suelo con una extraña marca en el pecho. Poco a poco se iba acercando a ella. Podía ver cada vez con más claridad su figura. Estaba a punto de verla la cara. Héctor se despertó sobresaltado. Parecía que todo había sido un mal sueño. A la mañana siguiente bajó a desayunar a la cocina. Ahí estaban sentados sus padres, desayunando un café con unas tostadas en la mesa de la cocina. Las noticias de la mañana provenientes de un pequeño televisor era la banda sonora de aquella sala. Héctor se sentó junto a su padre, un hombre de unos cuarenta años con el pelo cano y unos grandes ojos marrones. Mientras tanto, su madre, una mujer de baja estatura de unos treinta y cinco años con unos pequeños ojos verdes y el pelo de color castaño claro, rondaba por la mesa mientras servía el desayuno. Entonces algo le llamó la atención a Héctor. Mirando la portada del periódico, se lo arrebató rápidamente de las manos a su padre. Era ella. En la portada había una foto de una chica con una marca en el pecho, igual que la que había soñado aquella noche.

 

Anoche fue asesinada Cristina Cercos, de 24 años. La chica fue hallada muerta en extrañas circunstancias a la salida de una conocida discoteca del pueblo de Tenasco. A la chica le fueron asestadas dos puñaladas las cuales acabaron con su vida. Según forenses del pueblo, ha de tratarse de una persona con grandes conocimientos de medicina, ya que a la mujer le fue grabada en el pecho una marca que aún los policías no acaban de comprender.

 

Tras ver eso, Héctor terminó de desayunar y se fue directo al instituto. Héctor iba a cuarto de ESO y tenía 16 años. Era un chico bastante alto y un poco regordete, con el pelo castaño oscuro y los ojos verdes. Cuando terminaron las clases pensó que por fin era viernes, pero un viernes cualquiera, sino el viernes en que sus amigos le invitarían a quedar con ellos. Pero se equivocó. Al igual que todas las semanas, ninguno de ellos le dijo nada. Ellos eran cinco: Sofía, María, Jorge, Adrián y él. Todos eran muy diferentes entre ellos, pero juntos formaban un puzzle en el que cada una de las piezas encajaba a la perfección, salvo Héctor. El era una pieza sobrante. Sofía era una chica alta, morena con unos ojos muy grandes y ligeramente rasgados. María era una chica muy grande (en ambas direcciones) y pelirroja. Jorge era un chico bajo con la cara muy rellena y con una gran facilidad para decir tonterías y conseguir que éstas hagan gracia. Por último está Adrián, un chico bajito y muy delgado que hacía de líder dentro del grupo. Todos ellos son muy distintos, pero cuando conocieron a Héctor todos pensaron lo mismo: acoplado. Una palabra que bien te puede definir en un instituto, salvo por la excepción de que en éste caso nadie parecía querer reconocerlo, sobre todo Héctor.

 

Retrasos

Aunque en un principio, tendría que haber publicado el primer capítulo el domingo, debido a ciertos detalles técnicos (que soy muy vago mayormente) aún no lo tengo escrito del todo. De todos modos, he de decir quelo publicaré en breve, pero está siendo más largo de lo que yo pensaba, por lo que tardará unos días. El día 1 de julio estará el primer capítulo. Cada 2 martes publicaré un nuevo capítulo (el martes 8 es posible que no haya nuevo capítulo por que estaré ocupado intentando dar más publicidad a la web).

 

Ahora también podrás seguir la historia en www.juegosanonimos.es.tl.

Recuerdo de nuevo el correo de ideas y sugerencias: juegosanonimos@terra.es

Inicios

Dicen que los inicios son dificiles para todo el mundo, y como no, yo no voy a ser menos. A partir de aquí empezarás a leer una historia que, como se indica en la descripción de este blog, no tiene rumbo fijo. Una historia que se irá creando sobre la marcha. Tú también puedes formar parte de esta historia, solo tienes que enviar tus ideas a juegosanonimos@terra.es

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